0 comentarios

EL ASTRONAUTA DE BOHEMIA - JAROSLAV KALFAR

Un aliciente. Los amantes de las letras nos dejamos llevar por la intuición, la crítica o un aliciente, cualquiera, a la hora de escoger un libro en el que adentrarnos. Este aliciente también es necesario para cualquiera que tiene un libro entre las manos. 

Y cuando lo encuentras, empieza la verdadera aventura de la ficción literaria. En este caso, lo que me atrajo hasta El Astronauta de Bohemia fue ese pequeño aliciente: «Una odisea de ambición y autodescubrimiento en una gran novela que evoca intensamente los mundos de Haruki Murakami y Milan Kundera». 

El aliciente en esta ocasión recogía dos de los nombres que más me han hecho amar este inmenso mundo de palabras, Haruki Murakami y Milan Kundera. Añado a Kafka. En mi opinión ahí es donde reside el potencial asombroso de Jaroslav Kalfar: en proyectar el mundo paralelo en el que te lleva la lectura, donde Murakami te invita a conocer mundos de ficción con una narración detallada y arrolladora, Kundera te reporta a la crítica social con una pasión asombrosa y Kafka te propone ese estilo lúcido e irónico. 

Así se presenta El Astronauta de Bohemia: con ganas de que te dejes impregnar en una aventura de ficción, humanidad, ironía e historia.

En la aventura, nos encontramos con Jakub Procházka, un joven dedicado al estudio de la astrofísica con un pasado ligado al comunismo que aun en su mayor esplendor profesional sigue atormentándole con el recuerdo traumático de su infancia. Por su excelencia en la labor científica, y la total certeza de librarse de toda la culpa y rechazo social debido a la vinculación política de su padre en el pasado, el Gobierno le otorga la misión de recoger muestras de un polvo cósmico que ha aparecido en el Espacio interponiéndose entre la Tierra y Venus. 

Más allá del viaje de su vida, con todo el poder para convertirle en un héroe para la historia de la Republica Checa y el mundo en general, esta decisión le pondrá entre la espada y la pared: el abandono de su mujer, enfrentarse a la soledad así como al peso del pasado que le oprime. 

Ello nos invita a empatizar con el dolor, el sufrimiento, la soledad, la confusión y el miedo de Jakub. Con una destreza brillante y única, el joven escritor Jaroslav Kalfar nos conduce por los distintos caminos de la mente con una angustiosa, real y habilidosa destreza, en el que el lector, comparte las emociones del protagonista. 

El miedo a uno mismo, al pasado y al futuro, en sí mismo, se personifica para convertirse en el mejor acompañante de un viaje que le llevará más allá de la misión astrofísica. El viaje le permite conocer todos los rincones de su memoria, enfrentarse a sus miedos y angustias y enfrentarse a un presente, cada día, que no reconoce. 

En un futuro incierto, que cada día puede no llegar, Jakub en El Astronauta de Bohemia se convierte en una mirada reflexiva para los lectores. Una vista hacia la humanidad, una reflexión de la democracia actual y una representación del ser. ¡Agárrense que despegamos hacia la aventura!

Al·lòdia Garcia Ferrer



0 comentarios

EL PROBLEMA DE LAS MUJERES - JACKY FLEMING

Jacky Fleming es la escritora y dibujante del libro titulado El problema de las mujeres. Nació en Londres en 1955, y sus primeras obras son una serie de postales con aires feministas. A partir de esas postales empezó a tener cierta fama y a ser conocida, lo cual le abrió algunas puertas para poder publicar en periódicos ingleses. En 1991 publicó su primer libro, cuyo título original es Be a Bloody Train Driver, al cual le siguieron seis libros más, entre los que encontramos El problema de las mujeres.

Se trata de un libro basado en la ironía y el humor explicado por una narradora en tercera persona. En este libro la autora trata de explicar el motivo por el cual no hay mujeres en la Historia de la humanidad.

Con este libro, la autora pretende hacer una crítica de la sociedad y de la interpretación de la Historia de la humanidad, en la que encontramos un número minúsculo de mujeres destacadas, mientras que estudiamos y alagamos el trabajo de un número inmenso de filósofos, científicos, artistas y deportistas hombres. Al principio del libro la autora apunta que en la antigüedad no existían las mujeres, y que cuando empezaron a existir, era con una cabeza diminuta. La finalidad de estas respuestas irónicas a la pregunta sobre el porqué de la invisibilización de la mujer en la historia es que los lectores y lectoras reflexionen y busquen tener una mirada crítica de su entorno y de todo aquello que les es explicado, que no se conformen con estudiar la historia que nos vienen dada; por este motivo el libro se inicia con el lema de la Royal Society, que es el siguiente: «No te guíes por las palabras de otros», la cual busca que nos informemos con todos los medios que tenemos a nuestro alcance y no nos conformemos con la información que nos dan, que el lector vea que la historia ha sido escrita por hombres que no han dejado espacio a las mujeres, pero que no por ello significa que no haya habido mujeres con importantes logros.

El título de la obra es ingenioso, de manera que puede hacer que el libro llegue a manos de mentes con tendencias machistas que se encuentren con una dosis de realidad y reflexión. Se trata de un libro con oraciones bastante simples, poco texto y muchas ilustraciones. De primeras, esta descripción podría llevarnos a pensar que se trata de un libro de mala calidad, sin embargo, observamos que es uno de los puntos fuertes del libro, permitiendo así, que el mensaje satírico llegue a un número mayor de personas. Es decir, permite que personas de edad e ideología muy diversa puedan entender el mensaje principal del texto y las ilustraciones. El mensaje del libro es directo y llama a la reflexión personal con muy pocas palabras; además de ser un llamamiento a la desobediencia y a la sororidad.

Es genial la manera en que la autora utiliza la ironía como medio de crítica al machismo que ha existido a lo largo de toda la historia de la humanidad.

Además, se exponen personajes conocidos como pueden ser Picasso, Ruskin, o Darwin y se presenta brevemente, pero de manera muy clara actitudes y pensamientos machistas que manifestaron durante su vida; a la vez que se explican logros muy importantes de mujeres a lo largo de la historia, pero sin excederse, dando lugar a que la persona que lea el libro se interese por la parte de la Historia en la que las mujeres han contribuido, pero no se les ha reconocido el mérito.

El libro finaliza con Darwin, razón por la cual, la lectura puede llegar a hacerse corta. Personalmente me hubiese gustado unas cuantas páginas más hasta llegar a nuestros días, sin embargo, considero que es un libro excelente que debería ir acompañado siempre de una gran reflexión.

Laia Vaquerizo Tortosa

0 comentarios

RAYOS - MIQUI OTERO

Si alguna vez has sentido que siempre serías joven (y no), que los amigos son para siempre (y no), que las borracheras son para siempre (y no), que las resacas asumibles y eufóricas son para siempre (y no), que los besos son para siempre (y no); y si, además, has tenido la suerte o la desgracia de deambular como buen noctámbulo borracho, solo, con amigos, parejas, risas, llantos y/o manos cogidas de la tuya por las calles de Barcelona, solo puedo decirte que este es un libro para ti, igual que lo ha sido para mí: Rayos, de Miqui Otero, publicado por Blackie Books.

Ya desde el principio – si no has leído nada más de Miqui Otero – te das cuenta de por qué hay una pegatina dorada en la portada que pone «La revelación literaria nacional de 2016». ¿Por qué? Porque sabe escribir, mucho y bien. Pero además hay más. No suelo hablar de fútbol en mis reseñas, no sé si por parecer así más intelectual (no) o por no juntar dos pasiones tan fuertes en un mismo contenido (y que explote), pero hoy sí lo haré. Soy del Barça, como Fidel Centella, el protagonista de este libro, pero veo a Cristiano Ronaldo y digo: «este tío sabe jugar». Pues bien, leo varios libros a la semana y en la gran mayoría me digo lo mismo que cuando veo a Ronaldo jugar a fútbol pero en este caso en relación a la escritura. Pero ahora llega Messi o Iniesta o Ricardinho en el caso del fútbol sala y algo dentro de ti te dice que ahí hay algo especial, que esa gente juega, sabe que juega y tras saberlo hacen algo más. Pues eso hace Miqui Otero. Y tú, que te sientes un defensa de treinta y largos con una decena de títulos a la espalda y sabes lo que uno de esos genios te puede hacer, te enfrentas a él y te la hace. A mí Miqui Otero me la ha hecho durante algo más de 300 páginas. Y lo extraño es que quiero seguir dejando que me humille.

Rayos es la explicación en forma de novela de lo que sentimos o de lo que siento yo cada domingo de resaca. Es así. Grupo de amigos, alianza, unión en principio eterna. Tiempo. Más tiempo y entonces grietas, rotos, descosidos, separaciones y adiós. Pero también posos, cenizas con la posibilidad de volver a encenderse, ríos que parecen secos pero en realidad se estaban filtrando por piedras y rocas del camino para salir a la superficie en forma de corriente visible más adelante. Rayos es un cara a cara con Fidel Centella, un vis a vis con alguien que se ha dado cuenta de que quiere o que necesita contarte su vida para entenderla, organizarla, encararla, afrontarla. La vida es un camino por claros y oscuros y ese sería un buen resumen para decir lo que es este libro. Hay euforia, alegría desbordada, abrazos etílicos, cama, saliva y sudor; hay pérdidas, separaciones, lágrimas, vacíos y ruina. Hay música, mucha música, cine, literatura, Barcelona, tierras norteñas. Pero decir esto solo sería marcar con chinchetas en un mapa lo que no te debes perder de ese país que vas a visitar en verano cuando la clave, y lo sabes, es perderte en sus calles, perderte en las líneas de un texto que sabe jugar con los ritmos, que es maestro en finales, que sabe guiñar el ojo, que sabe silbar, sabe mucho de reír y sabe poco de llorar por fuera. Todo dividido en etapas dejando la parte central a la juventud, ese momento en el que nuestro pecho se infla y nos creemos invencibles (y no).

Siempre digo que uno de los trucos que uso para paliar mi cobardía ante la vida es leer, porque las lecturas en realidad predicen tu vida, te ofrecen todas las posibilidades de escenarios que te puedes encontrar. Rayos es un ejemplo más para tener esto claro y sobre todo para exprimir cada paso de tus pies jóvenes, cada baile, cada risa, cada trago, cada beso e, incluso, cada llanto. Rayos es una bofetada. ¿A tiempo?

Víctor González.


0 comentarios

DOCTOR PORTUONDO - CARLO PADIAL

Me gustaría empezar diciendo que ojalá hubiera más gente como Carlo Padial en el mundo pero me da miedo decirlo porque no sé si eso sería realmente un beneficio o un peligro para los demás. Todos tenemos heridas, todos tenemos taras, pero pocos son capaces de mostrarlas, de no camuflarlas, de hablar de ellas o, incluso, de mofarse de ellas. Carlo Padial es capaz de eso y de mucho más. Por eso me da miedo. Nos lo muestra en sus vídeos de Internet continuamente – de los que me declaro fan – y nos lo muestra, también desde ahora, en este libro confesional que es Doctor Portuondo, publicado por Blackie Books.

Es inevitable decir que nunca sabes qué es lo real y lo que no cuando es Padial el que habla y estoy seguro de que la gran mayoría de reseñas del libro darán cuenta de ello. Pero también pienso que no creo que sea necesario intentar separarlo, intentar estar seguros de cuánto hay de ficción en este libro, intentar descubrir dónde nos está mintiendo el autor. En definitiva, podemos estar leyendo una mentira y creérnosla y yo ahora poder estar hablando de esa mentira a través de otra mentira y los lectores de esta reseña estar creyéndosela. ¿No es eso la vida? En Doctor Portuondo, Padial nos cuenta su experiencia con el psicoanálisis a manos del excéntrico psicoterapeuta cubano Juan Antonio Portuondo, un fanático de Freud y ex boxeador capaz de atacar a sus pacientes si la terapia lo pide o él cree que lo pide. A partir de una infancia traumática con unos padres demasiado centrados en el cuidado de las fiestas de fin de semana en su piso, Padial encuentra en el psicoanálisis – y un poco también en Tupac – el salvavidas a su zozobra interior, a su misantropía, a su renegación de lo social, a su niño estancado. 

En Doctor Portuondo nos encontramos a un Padial que habla de frente, sin ningún tipo de defensa, sabedor de que es capaz de culparse a sí mismo de muchas cosas sin sentir ningún tipo de bloqueo al escribirlo. Incluso podemos llegar a ver juegos narrativos curiosos como el paso del tiempo pasado al presente en la voz narrativa tras la muerte de Portuondo. Hace poco leí una frase promocional de un libro de Goytisolo que decía algo así como que te ibas a reír mucho leyéndolo pero que tuvieras cuidado porque seguramente, tras esa risa, encontrarías restos de sangre en la comisura de tus labios. Pues eso mismo se podría decir de este libro, una obra que te hace reír usando el característico humor de Padial – esa extraña cosa que él hace y que algunos han querido llamar posthumor – a la vez que sientes que la risa proviene de algo bastante trágico y que no es más que su propia vida. Interesante, divertida y maldita. 

Me acuerdo, tras haber leído este libro, de tantos otros que tratan la tristeza del modo más oficial posible y me reconforta saber que todavía hay gente que juega con las formas, que convierte géneros, temas, tópicos, que los metamorfosea. Doctor Portuondo es la historia (¿o histeria?) de Carlo Padial desde su necesidad de terapia hasta su necesidad de abandonarla, tratado todo desde su propia perspectiva y mezclado con todo lo que él ha querido añadir o modificar de la realidad. Un libro divertido hasta que se demuestre lo contrario, la antesala de “algo muy gordo” que vendrá con Padial en los próximos años, el pasillo recibidor a lo que es este extraño hombre, el PowerPoint de presentación de su destartalada y por ello más que interesante cabeza. El Carlo Padial de aquí es el mismo que el de Playground, que el de APM?, que el de cualquier sitio o medio. Y ojalá siga así. Por lo menos por y para mí. Leedlo.

Víctor González.



0 comentarios

GUÍA DE LA CATALUÑA MÁGICA - CARLOS MESA

Conocí a Carlos Mesa hace ya varios años por pura casualidad al apuntarme sin ningún tipo de referencia previa a una ruta que él mismo organizaba y dirigía a través de su empresa Planeta Insólito. A partir de ese momento he hecho más rutas con él – algo que recomiendo mucho, sobre todo si eres de Barcelona – y, a tenor de lo que aquí nos ocupa, he leído también alguno de sus libros. Ahora aparece de la mano de un gran sello como es Planeta para lanzar al mercado esta Guía de la Cataluña mágica, publicada por Luciérnaga, editorial que ya he tratado en otras ocasiones en el blog. 

Me gusta lo que Mesa cuenta y sobre todo me gusta cómo lo cuenta. Siempre a partir de una oposición clara e incluso a veces cómica hacia todo lo relacionado con la Iglesia, este periodista apóstata y barcelonés sabe ofrecer lo que cualquier oído u ojo ávido de historias ocultas, secretas o discretas quiere tener delante: leyendas, pasajes históricos olvidados o apartados voluntariamente de documentos oficiales, restos de lugares con historias rocambolescas, enclaves, como dice el propio libro, mágicos. En Guía de la Catalunya mágica, Carlos Mesa recopila lo que durante algún tiempo ha ido ofreciendo en programas de radio o incluso en otros libros, como Barcelona insólita y secreta, de la editorial Jonglez. Yo he leído ese libro y reconozco que aún hoy, muchos meses después, sigo abriéndolo a veces para recordar pasajes curiosos que poder contar a la gente o incluso a mí mismo, a mi despistada y olvidadiza memoria. Es seguramente por culpa de haber leído y de tener ese libro que he echado de menos la cuidada edición de aquel: con páginas a todo color, mapas, divisiones por barrios, delimitación de zonas e indicaciones mucho más profundas y trabajadas. Aquí nos encontramos con información igual de interesante pero con imágenes presentadas en blanco y negro, que provocan que a veces no se distingan bien ciertos detalles o que incluso nos encontremos en situaciones en las que el autor nos habla de cierta imagen que en el libro no aparece, imágenes que en la mayor parte de las veces son fotografías del propio autor.

En Guía de la Cataluña mágica, como digo, vamos a encontrar lo que es Carlos Mesa, alguien rebosante de esa información que, sin saber muy bien por qué, siempre interesa a cualquier persona curiosa. En este caso, abre un poco más su prisma y también nos ofrece enclaves de otros lugares fuera de Barcelona como castillos pirenaicos por donde pasaron los últimos cátaros o restos visitables de rutas templarias. Pero hay mucho más dentro de sus cerca de trescientas páginas y lo mejor es que lo descubras por tu cuenta, es decir, leyéndolo; y de esta forma conocerás la faceta masónica y más oculta de Gaudí y sus obras, te darás una vuelta por los secretos más sorprendentes de Barcelona o podrás visitar – eso sí, en papel – los lugares con las leyendas más terroríficas de Cataluña. 

Hay un aspecto común que he visto en toda la gente a la que le gustan este tipo de historias y es que al mismo tiempo les gusta contarlas, les gusta ver en los ojos de los demás esa curiosidad que antes les llamó a ellos. Puedo criticar la edición – y lo he hecho – pero nunca podré criticar el talento de Carlos Mesa y de sus palabras para encender la llama de la curiosidad en el ojo atento (o no) del lector, del oyente, de su interlocutor, sea libro, radio, televisión, red social o persona. Atrévete a comprobarlo.

Víctor González.


0 comentarios

SABINA. SOL Y SOMBRA - JULIO VALDEÓN

Tantas frases y fragmentos subrayados de este libro que podría escribir esta reseña únicamente con lo que he ido subrayando en estos días de compañía sabiniana. Es totalmente cierto lo que dice Julio Valdeón nada más empezar el libro cuando afirma que «a Sabina lo llevamos puesto como un chaleco antibalas». Y si crees que las canciones no son suficiente para evitar los disparos del día a día, de la vida, ahora Efe Eme te trae un mastodonte de quinientas páginas y tapa dura para ponértelo delante, bien apretado al pecho, y salir a la calle más protegido que nunca. 

Calle es quizás la palabra más importante en la vida de Joaquín Sabina. Empezando por su “exilio” a Londres, las calles siempre han sido su cuna, su amigo fiel, su contador de historias interminables que luego él, con ese filtro mental caído del cielo que tiene, ha sabido rimar, convertir en versos cantados la historia de todos: la suya, la tuya y la mía. Yo he crecido escuchándole, he crecido al revés de los adultos como bien me ha enseñado y lo sigo haciendo y creo que, si en algún momento dejara de escuchar sus canciones, él seguiría estando allí. Porque Sabina ya es parte de nuestro país, Sabina está en las calles, en los conciertos, en las camas vacías de jóvenes recién solteros, en las primeras citas, en las bodas, incluso en los divorcios, incluso en los velatorios. En ti. Pero Joaquín, no. Sabina es nuestro y Joaquín, de momento es solo suyo, aunque pueda no parecerlo. Desprovisto de las calles por culpa de una fama que muchos defienden como nada más que la calderilla del éxito, Joaquín ya no puede ser Joaquín más allá de las cuatro paredes de Tirso de Molina. Quitarse de todo, desatarse de todo: las calles, las drogas, la gente, la música. Su condena. El hombre del traje gris que ha conocido de cerca la gran nube negra de la depresión y que parecía desde hace ya un tiempo inmerso en la caída de los grandes, en el cambio de ciclo, en el fin de una era, llega en 2017 más fuerte que nunca. Disfrutémoslo, leámoslo más que nunca, escuchémoslo, vivámoslo y no hagamos más cierta esa expresión de que solo se admira algo cuando se pierde. Perder y perderse, sus grandes aficiones, sus grandes condenas. Que no sean las nuestras.

Julio Valdeón trae en Sabina. Sol y sombra un recorrido a lo largo de toda la carrera de Sabina. Y digo carrera y no vida porque no es este un libro “tomatero” por el que pasear alrededor de las circunstancias más personales y privadas del cantante, si es posible separar vida y carrera musical en Sabina. Por descontado que viviremos las noches en la Mandrágora, los días y días sin dormir, las fiestas, las juergas, las reuniones abiertas y eternas en Tirso de Molina, en Casa Sabina, incluso algunos amoríos. Pero todo sin olvidar la música, estandarte de todos los libros que firma Efe Eme. Por cada copa de whiskey, por cada raya, por cada hora de no dormir, una lección musical por parte de Valdeón o de cualquiera de sus entrevistados, que son muchos. Quinientas páginas divididas en dieciocho capítulos que conforman el recorrido por todos los discos del músico de Úbeda sin ningún tipo de mesianismo hacia él. Valdeón te destroza un disco de Sabina igual que alza al cielo otro, y todo con razones. Me gusta que la gente se moje, me gusta que la gente sepa criticar a un dios, me gusta que la gente no crea (tanto) en nada, incluso cuando esa nada es lo que te hace seguir viviendo. Y todo ello es este libro.

Sabina. Sol y sombra, que se cierra con un entrevista de 2016 entre el autor y Sabina, es la argumentación perfectamente conseguida del título, del claroscuro en el que siempre ha habitado Sabina. Hay claros en el libro como el momento álgido de un Sabina que completa de forma genial el inconmensurable 19 días y 500 noches, del Sabina que llena noche tras noche la Bombonera o del Sabina que cuando más abajo dicen que está de su carrera musical se encuentra (o busca como el penitente de rodillas peladas que necesita creer en algo o alguien) al magnífico Leiva. Y oscuros: ese ictus, esas nubes negras, esos discos maltratados por productores y músicos “de oficio”, ese Fito Páez, esa condena a la soledad. No sabremos nunca dónde habita el olvido ni quién nos ha robado el mes de abril, pero sí podremos siempre sentirnos guiados por un bombín, estremecernos al sentir que alguien ha sido capaz de escribir lo que sentimos antes de que lo sintamos, ese «poeta y relojero» que dice Asúa, ese que, como defiende Valdeón al final del libro «no fue, es». Yo me bajo en Sabina.

Víctor González.


0 comentarios

TODO LO QUE YA NO ÍBAMOS A NECESITAR - MAITE NÚÑEZ

Quizás te haya ocurrido alguna vez el estar delante de alguien que lo ha pasado mal por algo y que te está contando su situación, y tú le escuchas, le escuchas hasta el final, si lo hay; aunque desde el principio, desde que le has mirado a los ojos, sabes que ahí falta algo por contar. No sé cuándo ni cómo lo notas pero lo sabes. Ves que hay una nube negra encima de su cabeza que no quiera soltarse, que no quiere arrancarse a llover toda el agua acumulada. Y cuando digo agua me refiero a pena. Pena sobrevolando un texto que ya de por sí pellizca es lo que caracteriza al libro del que hablo hoy: Todo lo que ya no íbamos a necesitar, de Maite Núñez.

En él nos encontramos con doce relatos en los que está muy presente la relación paterno filial, pero sobre todo la relación humana. Humanos chocando entre sí como el padre o la madre que mira a sus hijos moverse alocadamente y sin control subidos a unos autos de choque. Seres tocándose y produciendo chispas son lo que encontramos en Todo lo que ya no íbamos a necesitar. Alternando la primera con la tercera persona en la narración, Maite Núñez nos muestra a un niño que ve todo lo que su madre cree que esconde durante sus días etílicos, separaciones y uniones y nuevas separaciones que no son más que el reflejo de atormentadas almas, desprecio o falta de interés u olvido de lo gastado, de lo pasado. Lo infantil es un rasgo demoledor de este libro, que se crea a partir de niños crecidos por dentro o, como se puede leer en alguna de las páginas, adultos prematuros. Y estos adultos prematuros no son solo los niños. Todo lo que ya no íbamos a necesitar consigue que te preguntes quién es el adulto aquí, el niño que es capaz de idealizar a una madre borracha o el hijo mayor que, mientras su madre se abandona hacia un geriátrico, aparta la vista a la clasificación liguera de fútbol. 

Con una escritura en la que reinan los adjetivos, Maite Núñez demuestra que sabe escribir y que poco a poco va ganando en soltura, algo que se ejemplifica con la bien encontrada conexión entre capítulos, con el eje San Cayetano o con la consecución de estirar el clímax que todo relato pide, como si fuera la masa de pizza de los domingos, a lo largo de todo el relato. Una de las claves de los relatos de Maite Núñez es que nunca te encontrarás con esa sorpresa tan del relato clásico que te deja helado de repente. Maite no usa la ultracongelación, Maite usa la nevera que debe estar estropeada en la oficina porque, no sabemos por qué, cuando metemos los yogures en ella, al cabo de unos días, están congelados. Eso es la escritura de Maite Núñez, una congelación lenta, uniformemente acelerada, incontrolable y fatal.

Todo lo que ya no íbamos a necesitar es la mano del médico torpe que te abre una cicatriz que creías olvidada y que te hace surgir la duda de si lo ha hecho queriendo o no. Normalmente regidos por una lluvia fina, estos doce relatos harán que te preguntes mucho, por muchas cosas, pero sobre todo por ti. Te encontrarás en los relatos, a veces te parecerá que solo los hayan escrito para ti. Pero no. Del polvo venimos y al polvo vamos, y ese polvo, queridos amigos míos, es idéntico, huele igual y tiene el mismo gusto en todos y para todos. Sois vosotros mismos, leéis y os parece ser otros y esos otros os vuelven a llevar al principio, a vosotros mismos. Pero aún así, leed, aquí tenéis una buena oportunidad.

Víctor González.


0 comentarios

ZEBULON - RUDOLPH WURLITZER

Me empieza a preocupar que en poco más de un mes haya dicho en dos reseñas que no sé lo que he leído. Me entra la duda ahora que veo que se repite de si soy yo o son los libros o somos ambos los que juegan el uno con el otro. Antes veía todo claro, ahora, y por culpa de libros como este, no. Y no sé qué es mejor. Ni peor. Así que como no puedo hablar mucho de lo que significa la historia de esta novela – quizás no querer decir nada es lo que quiere decir este libro –, hablaré de todo lo que me ha venido a la mente leyéndola. Uno se hace lector a medida que lee y a medida que vive todo lo que le sucede mientras lee. La lectura de un libro no es solo la lectura en sí, sino todo lo que a ella la envuelve: pensamientos, reflexiones, sucesos, risas, lágrimas e incluso una llamada al timbre del cartero o la caricia de tu gato.

Como la experiencia me dice que el que entra a una reseña ya sabe más o menos de qué va un libro, nunca suelo excederme en su contenido. Hoy tampoco será así. Esto es lo que me ha traído a la cabeza Zebulon:

Primero de todo, el cine. Leer Zebulon es pagar la entrada a un cine que para y sigue cada vez que abres y cierras el libro. Esta entrada vale más que la de un cine convencional pero no lo olvides, el libro siempre está a tu lado, dispuesto a abrirse cuando tú lo necesites. ¿Quién más hace eso? Además, las películas no huelen. Zebulon es meterte en un western, es retroceder más de cien años, es colocarte el sombrero, coger la pistola, subir al caballo y disparar con tus ojos al papel. O ser disparado por él.

En segundo lugar, lo cíclico. Tropo publicó hace poco un libro que puedes empezar tanto por “delante” como por “detrás”. Pero en ese lo avisan, aquí no. No, no es cierto que pueda leerse de atrás hacia delante pero casi, y digo esto porque la historia que se cuenta parece que avance pero en realidad no se sabe a ciencia cierta qué hace. La historia pasa, como nuestras vidas, pero, ¿y si en la vejez volvemos a la infancia? ¿Le has preguntado eso alguna vez a tu abuelo? Leer Zebulon me ha hecho pensar en Borges y en Nietzsche – también en la típica foto del oeste que te hacen cuando vas a Port Aventura con tus padres, pero eso no viene al caso –. Digo Nietzsche pero en verdad podría decir el nombre de cualquier estoico de la antigüedad, mejor diré el eterno retorno. Y digo Borges por lo mismo, por ese Uróboros que tanto gustaba al argentino. La pescadilla que se muerde la cola, el ya estamos con lo mismo, el volver a tropezar con la misma piedra. Somos hijos de lo cíclico, no la líes mucho porque la volverás a liar. Eso mismo hace Zebulon.

Y en tercer lugar, la frontera. Zebulon es un hombre de frontera, tanto geográfica como ontológica. Se nos dice en más de una ocasión que vive entre dos mundos, pero ¿cuáles son? Siempre siguiendo, tanto consciente como inconscientemente, la estela de Delilah – esa musa daliniana capaz de dirigir a cualquier hombre –, Zebulon acabará siendo una especie de Cristo peregrinando siempre en pos de las huellas dejadas por su extraña, incógnita y sospechosa María Magdalena.

Entono el mea culpa porque poco he dicho del libro en mi reseña. Lo entono y entiendo que muchos hayan dejado de leerla. Pero lo entono para todo aquel que no haya leído el libro. Porque para quien lo haya leído no tengo nada que decir y seguro que tampoco tiene nada que reprocharme a mí. Zebulon es un western de película metido en un libro, sin índice ni números de capítulo; con canciones, con argot, con unas notas del traductor - traductora en este caso: Irene Oliva - que no me gusta que estén al final. Zebulon es un disparo en la frente que te deja vivo, como siempre le sucede a él. El problema, el gran problema, es averiguar si cuando estás vivo realmente lo estás, si cuando estás despierto realmente lo estás, si eres tú quien piensa o eres tú el pensado, si eres tú el que lee la historia de Zebulon o es Zebulon el que lee tu historia. A eso es a lo que te lleva este libro. Y por eso vale la pena.

Víctor González.


0 comentarios

GRIEF IS THE THING WITH FEATHERS (EL DUELO ES ESA COSA CON ALAS) - MAX PORTER

Nada más acabé este libro tuve que dirigirme al autor en Twitter: «felicidades, has escrito una pequeña joya, ¿está el libro traducido en catalán o castellano?» Me respondió «thank you very much, yes, here it is. Grief is the thing with feathers está traducido al castellano por Rata Books». ¿Cómo es la traducción? Ni idea. Lo he leído en inglés y, por eso, hablaré solamente sobre el original.

Y, si os pudiese recomendar que lo leyeseis, os lo recomendaría en VO. Por favor, no entendáis nada. No entendáis verbos que dice El Cuervo, ni sus ruiditos, ni los berridos de los niños, no lo entendáis porque da igual, vais a comprenderlo y a sentirlo todo igualmente. Y eso es la belleza de este libro o de este collage extraño. Hay algunos que dicen que es una novela, pero para mí ha sido mucho más: ha sido novela, poesía, composiciones, poesía visual, diario, canciones, todo. Y también me ha transmitido todo.

La historia empieza cuando un padre y dos hijos pierden la madre. Reciben la visita de un cuervo, que estará con ellos y los ayudará a superar la pérdida y el luto. Y no quiero —ni puedo— decir nada más, porque el argumento es sencillamente los pensamientos de estos tres personajes (Dad, Crow, Boys), su punto de vista acerca la tristeza, la responsabilidad, el arrepentimiento. Y cómo se transforman, cómo las voces se apagan, se animan, se vuelven a apagar, cambian de tono, una melodía triste, un alegretto. Y eso es la belleza.

Me he cansado de leer novelas largas y cronológicas que me explican la vida de unos personajes y donde hay un final claro. Me he cansado de leer primeras personas que son de todo menos introspectivas. Me he cansado de leer pensamientos correlativos, coherentes. Quiero algo puro, quiero algo de verdad. Quiero un momento de la vida de alguien y un final que no es final, porque en la vida sólo hay final cuando mueres. Quiero sentimientos a punto de ser desbordados, quiero sentir la rabia, la impotencia, la tristeza. Quiero leer sueños, inconscientes, dudas. Quiero leer algo real.

Todo lo que pueda escribir aquí no le hará justicia a este libro, en parte porque creo también que es algo totalmente subjetivo, de lo cual te podrás identificar o no. Es una especie de catarsis, apela al pathos. He llorado en el metro, he reído en casa, he subrayado lo que uno podía subrayar. He leído pasajes a mis amigos y familia, y estaba tan embarcada en ello que se me quemó la pizza. Es una historia para coger, leer y releer, porque la Andrea de 22 años no lo leerá igual que la de 30, ni la de 50, ni la de 80 —porque, de hecho, el luto es algo atemporal -.

Grief is the thing with feathers ha entrado de cabeza en mi TOP 5 de libros favoritos de todos los tiempos, junto con Cumbres Borrascosas, Jo Confesso y Werther. Si podéis leerlo en versión original, hacedlo, o si queréis comprar la traducción, también, pero por favor: no dejéis de hacerlo.

Vale mucho la pena.

Andrea Rovira.



En español:

0 comentarios

EL PÉNDULO DE FOUCAULT - UMBERTO ECO

Hay veces, y sobre todo si eres lector, que encuentras una frase que da sentido, cuerpo, a un pensamiento o sensación que llevabas tiempo teniendo. Leo desde hace bastantes años y al principio dedicaba mi tiempo a novelas que iba encontrando, ya fuese en librerías o por casa, sin ningún tipo de criterio. A veces me encontraba con libros geniales y al terminar de leerlos sentía la necesidad de estar unos días sin leer nada más, como si mi inconsciente o incluso el propio cuerpo me pidiera que dejara reposar lo leído, que descansara unos días para que todo lo absorbido pudiera penetrar de forma óptima. Pues bien, un tiempo después vi que en un libro hablaban del proceso de luto del lector y me di cuenta de que era eso mismo lo que había sentido en las veces anteriores. Cuando un libro te atrapa se convierte en tu amante. Piensas en él estés donde estés, cuentas los minutos para seguir leyendo, quieres avanzar a la vez que no quieres terminar. Cuando termina el libro el amante muere. Eso me pasaba antes y me sigue pasando ahora. Por eso leo.

Pues bien, hacía mucho tiempo que ya no me pasaba. No sé si porque he cambiado el tipo de libro que leo o si es simplemente porque me encuentro en otra etapa de mi vida. Debo reconocer que muchas veces medito sobre ello. Pero como me suele pasar siempre, cuando empiezo a vislumbrar una solución a alguna de mis preguntas, llega algo – normalmente un libro – y me golpea tan fuerte que destruye cualquier tipo de luz que podía tener. Eso ha hecho El péndulo de Foucualt conmigo. Tras varios días de reposo puedo decir que es la mejor novela que he leído. ¿Por qué?

Pues primero y muy importante porque ha conseguido entretenerme, pero entretenerme dentro de esa forma de locura que seguro que tú como buen lector has sentido alguna vez. De tanto leer, sé más o menos cuánto me puede durar un libro antes de empezarlo solo con tenerlo en las manos. Conseguí una edición de bolsillo (1991, de Ediciones Orbis y Editorial Lumen) de la novela de Umberto Eco, con esas páginas que parecen hechas con papel de fumar y letras minúsculas, y ya el libro tenía cerca de 600 páginas, así que no sé cuántas debe tener una edición normal. Lo cogí, decidí empezarlo e imaginé que en dos o tres semanas lo tendría leído. Me duró una. Así es cómo ya valoro si un libro es bueno o no. 

En El péndulo de Foucualt, Umberto Eco nos sitúa al lado de Casaubon, un joven que nos cuenta su historia desde la elaboración de su tesis hasta la edad adulta. Con él conoceremos a Diotallevi y Belbo, los otros dos personajes que conforman el eje narrativo. Tres intelectuales ávidos de todo tema relacionado con el ocultismo a los que la vida narrativa junta para no separarlos más que lo necesario. Desde su encuentro, la novela nos sumergirá en una espiral borgiana donde el templarismo y todo lo relacionado con este a lo largo de la Historia se ofrece como tema central de la investigación de estos tres personajes. La llegada de alguien con un mensaje criptado, antiguo y secreto, provocará que estos tres amigos olviden todo para centrarse en la investigación del secreto. Desde ese momento, todo cambiará. Incluso tú. 

No cuento más porque no creo que sea necesario y pienso que con lo dicho ya puede servir de guía para saber si gustará o no – que lo hará –. Es un libro complicado, que hace que necesites tener a mano un móvil, ordenador o tableta para buscar alguna de las inabarcables referencias que Eco deja en la novela. Incluso se ha publicado un diccionario solo para las referencias del libro. Pienso que si Borges se hubiera decidido por escribir una gran novela, sin ninguna duda hubiera hecho algo muy parecido a esto (¿o la misma?). 

No puedo ser imparcial – aunque nunca lo sea. Tú tampoco –, y por eso creo que de mis líneas salta con energía el disfrute que he tenido leyendo la novela. Pero es que es así. He querido buscar el secreto junto a tres locos bibliófilos y he acabado como ellos. Pero por suerte, yo he cerrado el libro y he visto que nada había sido real (¿o sí?) ¿Quieres saber qué les pasa? Abre la primera página. Empieza.

Víctor González.


0 comentarios

CORTÁZAR - JESÚS MARCHAMALO Y MARC TORICES

Tengo que reconocer que me ha encantado leer este libro. Me ha encantado leerlo y me ha encantado el libro. No soy muy ducho en materia de cómic así que pocas apreciaciones técnicas podré dar – aunque la verdad es que tampoco las doy cuando hablo de otros libros –, así que me dedicaré – como siempre – a contar qué me ha hecho sentir su lectura. 

Primero de todo diré, porque me siento obligado a hacerlo, que solo el olor ya te atrapa. Creo que es inevitable si te gusta leer que te guste también el olor de los libros. Abrir un libro que huele bien es como un suplemento genial de la portada, te gana desde el principio. En este caso, además, no hace falta ni abrirlo para olerlo, solo con quitarle el plástico con el que viene ya empiezas a notar ese aroma que desprende. Os contaré al hilo de esto algo que me ha pasado leyéndolo, y es que una noche, tras acabar de leerlo en la cama, lo dejé a mi lado, en el suelo, y me puse a dormir. Os prometo que me desperté y tenía pegado el olor del libro. Me puse a pensar en si, igual que el olor en este caso, las historias de dentro de los libros que dejas a tu lado mientras duermes también se pegan a ti y luego caminas durante el día con ellas enganchadas a tu cuerpo, a tu mente. Pero eso ya son otros temas. En este caso quiero hablar de Cortázar, la biografía ilustrada del escritor argentino obra de Jesús Marchamalo y Marc Torices que acaba de publicar Nórdica. 

El libro comienza al estilo de una película – ya lo veréis porque tenéis que comprarlo y leerlo – y eso ya de por sí gusta y sorprende. Tras ese inicio tan de ‘teaser’, que acaba con el título del libro y apellido del argentino, empieza la historia de Julio Cortázar, desde el nacimiento hasta su muerte. Todo lleno de guiños, anécdotas e incluso pruebas gráficas reales de dedicatorias, portadas o fotografías, Cortázar es la muestra de cómo todo tiene cabida en el cómic, o en el arte en general. 

Cortázar escribió poemas, intentó y consiguió hacer una contranovela, hizo fotos, muchos fotos, pintó e incluso usó sus manos para arreglar los desperfectos de su casa. Tuvo sus más y sus menos con la política, viajó mucho y vivió mucho, siempre pegado a sus Gauloises. Todo esto se nos cuenta en un libro que juega igual que lo hacía el argentino. No, este no se puede leer de distintas formas pero sí se puede disfrutar igual que las obras de Cortázar. Porque como digo, este libro juega, a veces con las formas, las viñetas, los bocadillos, a veces con el propio personaje, a veces contigo. 

Cortázar es un ameno y divertido paseo por la vida del argentino de una forma que hasta hoy no se había visto. El dibujo se mezcla con la palabra escrita al estilo de lo que hacía Cortázar dentro de los libros que leía, plagados de anotaciones, comentarios y garabatos. Huele bien, te entretiene, te enseña y te hace leer, ¿qué más le podemos pedir a un libro?

Víctor González.


0 comentarios

DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE ESCRIBIR - HARUKI MURAKAMI

Si estás leyendo esta reseña lo más probable es que te guste Murakami, y si te gusta Murakami vas a leerte este libro. Es inevitable – por lo menos para mí pero creo que también para muchos otros – que en una cabeza tan chafardera como la nuestra, gestada a partir de programas del corazón 24/7 en nuestros televisores, no nos hayamos preguntado alguna vez (o muchas) quién hay detrás del Murakami escritor de novelas. Pues bien, el que hay detrás de todos esos best sellers es el Murakami de este libro. 

Lo primero que llama la atención en De qué hablo cuando hablo de escribir es la sobreutilización de fórmulas de modestia por parte del japonés. Hace unos días, justo cuando acababa de salir a la venta el libro, me vi con una persona que yo sabía que lo estaba leyendo. Yo también lo leía. Lo primero que comentamos sobre el libro fue eso. Tal suceso me demuestra que no soy solo yo quien lo ha visto. Frases como «es lo que pienso en mi condición de escritor, aunque soy consciente de que por el hecho de pensarlo no va a cambiar nada» o «pero da igual lo que opine. No creo que nadie me preste demasiada atención» son frases que a la mayoría nos sorprenderán salidas de alguien que es leído por millones de personas. ¡Claro que te prestamos atención, Haruki! Pero una cosa no quita la otra y con todo esto no quiero decir que el libro no merezca la pena. Porque el libro merece mucho la pena. En él, el japonés habla más que escribe, cuando lo normal en todos estos años es que solo lo hayamos visto escribiendo. En este libro se le puede leer hablando por fin, y más sabiendo que no es muy asiduo a ofrecer conversaciones. Y, aunque él no lo crea, como seguro que veis cuando leáis sus páginas, sus palabras valen mucho la pena. 

De qué hablo cuando hablo de escribir se divide en once capítulos más un epílogo. En ellos nos habla de todo tipo de temas, desde cómo se convirtió en escritor, pasando por el peliagudo tema de los premios literarios o la educación de los jóvenes, y acabando con una reflexión acerca de cómo y por qué salir al extranjero. Todos los temas salen desde su «yo» más personal. Si en muchas de sus novelas nos encontramos con un narrador en primera persona que a veces hemos podido confundir con el propio Murakami aquí, por fin, quien habla sí que es él. Y se nota. Siempre resguardado por esos escudos en forma de «creo», «pienso» o «es solo mi opinión» Murakami nos da un repaso de toda su vida y de su parecer acerca de todos los temas que le incumben, ya sea la literatura, Japón, el sector editorial, el deporte, la música, la imaginación, el oficio de escribir o el cuerpo. 

Pero no os creáis que es todo un seguido de reflexiones escritas por el japonés como estrategia de venta para un libro más con su firma. ¡Estamos hablando de Murakami! Sí, lo que os digo, es Murakami quien escribe y por eso siempre habrá sorpresas, como tantas que nos ha regalado en sus novelas. Y es así como os reiréis cuando os explique cómo le llegó el mensaje de que quería ser escritor o más tarde el de que iba a triunfar en ello; o lo aplaudiréis por sus reflexiones acerca de cómo deben aprender los jóvenes o cómo se debe cuidar una persona para mantenerse siempre viva; o lo subrayaréis apretando bien fuerte el lápiz cuando os hable de lo que piensa él de la lectura, de lo que piensa de la escritura, de lo que piensa de su inseparable compañera la Literatura. 

No os perdáis este libro porque creo poder decir que es un faro antiniebla para recorrer mucho más tranquilos sus otros libros. Leed a Murakami, es así de simple. 

Víctor González.
0 comentarios

EL NÚMERO 11 - JONATHAN COE

Tenemos delante una novela de Jonathan Coe que nos muestra el desencanto político sufrido de la sociedad británica antes del brexit.

Coe pone en el centro de su historia la amistad entre dos chicas, Rachel y Alison, una amistad que padece muchos cambios a lo largo de la novela. Alrededor de esta relación aparecen otras historias y personajes entre los cuales hay que destacar uno de real, David Kelly, un científico y experto en armas biológicas cuya misteriosa muerte impactó al Reino Unido. Las vidas de Rachel y Alison se entrelazan con las de otros, que marcarán una satírica crítica: una cantante arruinada que busca resurgir de sus cenizas presentándose a un reality show, un obsesionado profesor que busca una película que vio de niño, un policía convencido de tener que encarar las investigaciones aplicándoles criterios sociopolíticos, un millonario que quiere reeducar a su hijo para que se comporte como un ciudadano de clase media, algunos monstruos entre los cuales reconocemos al monstruo del Lago Ness y un airado magnate y su hija ultraconservadora que aspira a columnista.

Esta trama política nos adentra en una Inglaterra que va a la deriva, Coe lanza reflexiones y preguntas sin respuesta y hace evidente la decepción que siente el autor por la falta de sentido común y por la injusticia. Podemos ver constantemente en las páginas de este libro este creciente sentimiento y en algunos fragmentos, se muestra de forma muy evidente «pongamos a competir a artista contra artista, lancemos a escritor contra escritor, músico contra músico. ¡Hagamos que la envidia, la rivalidad, la inseguridad económica y la ansiedad por el estatus sean los nuevos estímulos para la creatividad.»

Cabe decir que, sin desvalorar el talento del autor por satirizar una situación social preocupante, mi sensación a lo largo de esta lectura no ha sido satisfactoria. El punto que ha marcado más significativamente mi desencanto ha sido el desconocimiento de muchos aspectos de la realidad social inglesa, ignorando, entre muchas otras cosas, cómo funcionan las relaciones de poder. No obstante, me atrevo a recomendar este libro a todos aquellos conocedores de la situación vivida en Inglaterra y a aquellos cuyo interés en la materia les lleve a querer conocer más profundamente los aspectos más oscuros por los que pasa esta sociedad.

Andrea Moreno Ferrer.


0 comentarios

EL RETABLO DE NO - LUIS RODRÍGUEZ

No sé qué he leído, así que os voy a hablar de otras cosas.

Casualmente, desde hace unas semanas, estoy en un trabajo donde el director de la empresa, con el que paso la mayor parte del tiempo, es un conocido y bastante publicado escritor. Con él hablo de los libros que recibo fuera de ahí, de lo que estoy leyendo, de lo que me gusta leer, de lo que no me gusta leer; en definitiva, con él hablo de Literatura. Hace unos días, un viernes ya por la tarde, justo antes de desearnos un buen fin de semana, él me preguntó – como normalmente hace – qué estaba leyendo esos días. Le dije que acababa de leer un libro, un muy buen libro – Una temporada en Tinker Creek, de Annie Dillard –, que lo había reseñado ese mismo día y que, casualidades de la vida, en ese momento no tenía ningún libro más por reseñar y por fin podría darme unos días para avanzar con lecturas pendientes. Le dije que me acababa de comprar un libro al que le tenía ganas desde hacía mucho tiempo. Él me preguntó por el título y yo le contesté Lord. Asintió sonriendo. Me preguntó por el autor y yo le contesté Joao Gilberto Noll. Me dijo todavía sonriente que lo conocía y que le dijera qué me había parecido el libro cuando hubiera acabado de leerlo. Le dije que claro, que en ese fin de semana lo leería, que era un libro muy fino y que eso en una noche lo tendría más que finiquitado. Se rio, me dijo que no, me dijo «ya verás cómo no». No le entendí, ahora ya sí. ¿Me pasará lo mismo con Luis Rodríguez? ¿Es su libro de entendimiento retardado? Personalmente, creo que todavía los estoy leyendo - y os aseguro que hace ya varios días que pasé su última página -.

Ahí va otra historia. Alguna vez he caído en las azucaradas fauces de la literatura de autoayuda. Una de las máximas de estos libros es que debemos salir de nuestra zona de confort – ¡como si en alguna estuviéramos confortables! –. Y lo dicen ellos, unos libros que duermen en la “zona de confort” editorial, porque están escritos como todos los demás, editados como todos los demás, hechos como todos los demás. En cambio, un día cualquiera aparece un libro cualquiera, se pone delante de ti en la posición que crees normal, te mira, lo miras. Miras el (al) libro y decides leer su contraportada y te das cuenta de que vuelves al mismo lugar del principio. Comienzas a dar vueltas al libro – sin todavía abrirlo – y ves que estás ante dos portadas, en una, una calavera, en la otra, una ventana; en las dos un escenario y un telón. Empieza el juego. Dos solapas idénticas con información idéntica del autor. Dos notas preliminares idénticas. Estás perdido. Ya eres de Luis. Y lees que da igual por donde empieces y empiezas y lees lo mismo pero recortado o agrandado - según por donde hayas decidido empezar -, como si lo que te estuvieran ofreciendo fuese el juego de la memoria representado físicamente en letras que se pueden leer y releer continuamente. Lees y relees continuamente y cada vez lees algo diferente. Y empiezas a comprender que ese es el juego: darte cuenta de la precipitación que es leer, de la precipitación que es vivir. Porque leemos, al igual que vivimos, siempre una vez. Y esa vez puede ser vista desde el futuro y convertirse en otra, incluso a veces puede verse desde el pasado y ser distinta a la que será.

No sé qué he leído pero es algún tipo de juego teatral en el que los personajes son anécdotas y las anécdotas personajes. No sé qué he leído pero sé que me ha gustado. Y mucho. Reconozco que he tenido miedo en algún momento de encontrar mi nombre en el libro. He tenido miedo de que Luis Rodríguez hubiera sido capaz de meterme en él. No sé qué he leído y espero no saberlo nunca.

Hay dos partes del libro divididas en tres actos que se van consumiendo como la vida y como la lectura. Hay dos posiciones de lectura. Hay mil lecturas – y me quedo corto –. El retablo de no es una conjunción de narraciones a veces conectadas y otras no que parecen autónomas entre sí y que bien podrían dar pie cada una de ellas a una novela distinta. Y el argumento, para mí, es lo de menos. Porque si cuando le vas a decir a alguien el retablo que has presenciado lo importante es lo que va después de “el retablo de” y aquí lo que aparece es “no”, creo que puedo decir yo también «no». No a las reseñas convencionales para libros que no lo son, no a leer como me han enseñado sino a intentar buscar una nueva vía desconocida en la que el despojo de todo lo aprendido sea el inicio del camino, no a ser yo quien descifre este libro, primero porque no soy quién para hacerlo, segundo porque no sabría y tercero porque creo que no se lo merece. Quien quiera destripar un libro que se aleje de este. Quien quiera ser destripado por uno que se acerque. Acercaos mucho, jugad al juego, sed un libro rebelde. Sed siempre otro. Sed siempre no. 

Víctor González.


0 comentarios

50 PALOS ...Y SIGO SOÑANDO - PAU DONÉS

Si te gusta la música, la música de ahora digo, te habrás dado cuenta de que se está poniendo de moda en muchos grupos y artistas en solitario ofrecer comentarios de sus canciones. Abres por ejemplo Spotify y te encuentras el disco con todos sus temas y a su lado la versión comentada de cada uno de ellos. Es cierto que a muchos nos gustará el hecho de escuchar la letra de una canción e imaginar el porqué de la necesidad de escribirla. Imaginarlo, no saberlo. Como en los poemas e incluso en las novelas, sabes que mucho de la vida del autor queda entre las líneas de lo escrito y lo haces tuyo, lo colocas en el puzle de tus sentimientos como si fuera un pensamiento propio, un verso tuyo, una digresión de tu mente. Pero también hay que reconocer que después de esa tarea, que muchas veces hacemos inconscientemente, nos reconforta y nos despierta interés el saber qué hizo que ese autor en cuestión escribiera aquello. 

¿Por qué cuento todo esto? Porque, a pesar de que pueda parecer que 50 palos es una autobiografía de Pau Donés, un recorrido por su vida, puedo decir que se acerca mucho más a una serie de comentarios de sus canciones. La diferencia aquí es que Donés consigue hacernos ver que su vida es una sucesión de canciones y que las circunstancias que las envolvieron – y que las siguen envolviendo – son pasos diarios en su caminar. Canción y vida son uno en el cantante barcelonés, por eso queda la sensación de que cuando nos cuenta el porqué de una de sus canciones nos está contando el porqué de una época de su vida.

50 palos son 50 capítulos sin un orden “editorial” lógico – porque seguro que para él tienen que tener alguno (incluso no tenerlo ya sería un orden) – donde Pau Donés narra episodios de su vida terminando, en muchos de ellos, con la letra de alguna de sus canciones que, como se puede ver tras la lectura, es la forma más rápida, más condensada y mejor con la que el músico se expresa. Esos 50 textos que nacen de sus 50 años y de la experiencia de un cáncer parecen en ocasiones la voluntad de dejar el testimonio de una vida un poco más allá de unas canciones. La contradicción, al menos para mí como lector del libro, es que después de haber leído esos comentarios, de haber leído la narración de sus sucesos vitales, la sensación que te queda es de que para conocer su vida bastaba con sus canciones.

El cáncer ha dado a Pau Donés la calma que necesitaba, tanta que incluso ha tenido tiempo de escribir un libro. Ya no pasará meses y meses en la espiral de las giras, sin atender a nadie incluso ni a sí mismo; ya no pasará meses y meses encerrado en un estudio sin atender a la montaña, a los perros, a la vegetación, al mar, a la vida; ya no pasará meses y meses dedicado única y exclusivamente al escenario porque como él dice en alguna parte del libro ese estilo de vida llevado durante tanto tiempo seguro que tiene mucho que ver con el “cangrejo”; ya no pasará meses y meses ausente; no, no los pasará así pero sí los pasará, esperemos que sí, de otra forma: más presente, más aquí, más consigo mismo y los demás. Pau sigue con nosotros, no sabemos por cuánto tiempo tras su recaída, pero ahora se ha convertido en libro y eso, aquí podemos estar seguros, sí que durará para siempre. «50 palos…y sigo soñando». 

Víctor González.


0 comentarios

EL NOMBRE PROPIO DE LA FELICIDAD – MARÍA JEUNET

«A veces la vida, además de darnos limones y hacernos subir cuestas llenas de baches, puede que nos regale alguna bonita sorpresa». Con estas sensatas y tan acertadas palabras, María Jeunet nos abre las puertas a una historia que, de algún modo, nos hará empatizar con Nico, nuestro protagonista, y nos hará inquirir en nuestro interior haciendo que en algunos momentos de la narración nos sintamos identificados con algunos personajes y sus sentimientos.

Delante tenemos una obra muy rica a nivel emocional, donde viajaremos por los pensamientos y vivencias de los personajes que componen este relato. Jeunet nos obsequia con una bonita y real historia de amor y con un apasionante enfoque de las relaciones de amistad. Entre las páginas de este libro encontraremos a Nico, un exitoso escritor de libros infantiles que ha perdido toda su inspiración y se encuentra sin metas en su vida. Asfixiado por su falta de ideas para crear nuevos cuentos se ve obligado a trabajar en el metro de París para sacarse un dinero extra con el que costear una pequeña buhardilla en la ciudad para poder vivir. Pero como muchas veces pasa en la vida, los acontecimientos cambian de rumbo y a veces, aunque no lo sepamos, todo empieza a enderezarse. Sus buenos amigos y el misterioso dibujo de una desconocida en los andenes del metro, encenderán la mecha que hará estallar la antigua vida de Nico para ayudarle a emprender un nuevo camino.

En la nota de autora que nos escribe María Jeunet a los lectores hace mención a las palabras de Stephen King que decían: «la lectura es telepatía, un libro conecta dos mentes, la del escritor y la del lector.» Y así es como Jeunet ha conseguido que Nico forme parte de mi vida, de mis pensamientos y me haya emocionado profundamente. Me ha embelesado crecientemente a lo largo de la historia la importancia de la amistad, hecho que se refleja en la trascendencia que tienen todos los amigos de Nico, con los que conseguirás ir creciendo y resurgiendo de sus cenizas gracias a la ayuda, amor y fuerza que estos le brindan. Porque como Nico nos cuenta en sus pensamientos: «Definitivamente, el amor mueve montañas».

Si estás buscando una historia romántica, real y que deje al descubierto tus emociones, este es tu libro. Con él te encontrarás en un viaje interior que te ayudará a hacer una introspección en tu ‘Yo’ más real y sincero. Entre sus páginas encontrarás una historia de amor romántico real, una historia de amor sin aderezos, una historia de felicidad por la que hay que pagar un precio, porque para alcanzar la felicidad, a menudo, hay que lidiar con muchas dificultades.

Andrea Moreno. 
@andreaamoreno16

 
;