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LA SONRISA DEL ESTRONCIO - JUDITH BOSCH

Si hace unas semanas hubiera querido escribir esta reseña habría empezado diciendo: Bukowski sigue vivo gracias a las manos de Judith Bosch. Pero hoy, que hace unos días tropecé con un libro homenaje a John Fante y descubrí que uno de los grandes – vamos a usar jerga actual – influencers del autor norteamericano fue Fante, debo cambiar eso. Aunque soy un fiel defensor de la ausencia de originalidad – en su sentido más puro – en la literatura, de que todo es intertextualidad, lo voy a decir: John Fante sigue vivo gracias a las manos de Judith Bosch. 

Se escucha y se lee por ahí que la generación actual nunca llegará al punto de humor negro que consiguieron los autores supervivientes de guerras, de catástrofes; los que transitaron sobre todo el siglo XX en su conjunto. Dicen eso porque solo puede mofarse de algo aquel que ha conocido el polvo, ha sabido salir de él y ha conseguido describirlo desde una perspectiva diferente a la lágrima. Los que dicen eso creen que la guerra ha terminado, y creo también que viven apartados del mundo. La guerra nunca termina - mirémonos por dentro - y todavía menos para mentes hipersensibles de autores que buscan reflejar sus ardores, sus miedos y sus rabias para con el mundo desde la parte cómica, que siempre está aunque pocas veces queramos mirar desde ella. Esto lo pude leer hace unos meses en el compendio de aforismos Nein de Eric Jarosinski y que publicó Anagrama pero también en La sonrisa del estroncio, de Judith Bosch y publicado por ella misma. De eso hablo hoy.

Empezando por una especie de Esopo frustrado del siglo XXI, Bosch nos sumerge en microhistorias de animales que representan las taras de la sociedad y que reflejan aquello que no va bien y que seguimos dejando que funcione. Porque en La sonrisa del estroncio hay golpes para todo y para todos, algo que me ha recordado mucho a lo que escribe Luis Goytisolo o a lo que veía Leopoldo María Panero. Hay que coger este libro cuando uno se cree perfecto, inmejorable, para dejar que te despeine, que seas devuelto al pozo, que sigas mirando hacia una luz que a medida que te acercas más parece de neón. 

En La sonrisa del estroncio se juega con todo, pero especialmente con el ser humano y su corrupción – aunque esta palabra ya la tengamos gastada –. Se juega con ello pero también con temas que para muchos son tabú: la muerte, los miedos, el amor, el suicidio. Una de las conclusiones que te dejan estas pequeñas historias, que se van agrandando como nuestros miedos a medida que se pasan las páginas para acabar en dos relatos ya de cierta extensión, es que todo en esta vida es humanizable y, sobre todo, que todo es ironizable. Realismo social, depilación total o tiroteo a bocajarro. Sea lo que sea, para jugar a esto del vivir y no acabar vencido se necesitan ases como este, como La sonrisa del estroncio

Ah, y un aviso, no te sientas culpable porque se te escape la risa. Cuando lo leas me entenderás. 

Víctor González.
@chitor5



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EL LIBRO DE LOS BALTIMORE - JOËL DICKER

En febrero de 2012 Marcus Goldman se marcha a Boca Ratón (Florida) para empezar a escribir su segunda novela. Establece amistad pronto con Leonard, su septuagenario vecino con el que comparte charlas al atardecer, partidas de ajedrez y su deseo de escribir un libro. El reencuentro con alguien de su pasado hará que Marcus le cuente la historia de los Goldman de Baltimore a Leo. Y así comienza a narrar la historia de la “Banda de los Goldman”, cómo todo cambió el día del “Drama” y cómo empezaron a cuajarse los hechos que lo provocarían.

Al ir recordando, vuelve al día de antes en el que su primo Woody tendrá que entrar en prisión. Se reúnen para pasarlo juntos los tres primos Goldman, Alexandra y su tío Saúl sin poder imaginar cómo lo que pasó aquel día influyó tanto en las vidas de todos.

Dos días después recibe una llamada de su tío instándole a volver a Baltimore. Algo grave había sucedido, faltaba poco para que sucediera el “Drama”.

Vuelve a evocar sus veranos y vacaciones con los Goldman de Baltimore. Cómo siente una fascinación por sus tíos Saúl y Anita, por sus casas y mansiones en Baltimore, en los Hamptons y en Miami. Admira el talante, la elegancia, la actitud luchadora de su tío, la de un ganador. Está prendido de su tía Anita, que le trata con dulzura, siempre sonriente haciéndole sentir uno más de los Baltimore. Recuerda cómo Woody entró también a formar parte de los Baltimore y junto a su primo Hillel formaron la "Banda de los Goldman”, un amor fraternal capaz de hacer cualquier cosa por cada uno de ellos. E inevitablemente compara la vida de sus tíos en Baltimore, con su vida en Montclair. Su padre ingeniero, su madre dependienta, el viejo coche que tienen…

También vuelve a su historia con Alexandra, a los inicios de su amor juvenil, y a los inicios de su exitosa carrera como cantante. Marcus fue el único que siempre había confiado en ella cuando ni ella misma tenía fe.

«Sólo tenemos una vida, Alexandra. ¡Una sola vida pequeñita! ¿No te apetecería dedicarla a cumplir tus sueños en lugar de apolillarte en una estupidez de universidad? ¡Sueña, y sueña a lo grande! Solo sobreviven los sueños más grandes. A los otros los borra la lluvia y los arrastra el viento.»

Es difícil comenzar a leer esta nueva novela de Joël Dicker sin estar condicionada por las perspectivas que me creó su anterior libro La verdad sobre el caso Harry Quebert. Y la verdad es que las ha superado. Si el anterior fue bueno, este no se queda atrás aún no teniendo nada que ver en la trama y argumento. Aunque sí hay una coincidencia, y son los saltos en el tiempo. Va de presente a pasado a lo largo del libro, forma de narrar que a mí me encanta y ya me tiene bastante ganada de antemano. Durante todo el libro, narrado desde la voz del protagonista, nos va arrastrando en la historia, devorando cada página y manteniéndonos siempre en la lectura. Tienes la sensación de que parece predecible, sabrás lo que va a pasar, pero las apariencias engañan, y siempre te sorprende, cargada de mini misterios, hasta el final de sus páginas, donde descubres el “Drama” y todo tiene sentido. Lo uno no ha podido pasar sin lo otro. Fantástica narrativa, fantástico libro.

Nos habla de cómo cuando somos pequeños (o no tanto) podemos dejarnos encandilar por un mundo de riqueza, de poder, cómo idolatramos a las personas por su forma de vida aún sin conocer si realmente son felices. En todas las familias siempre hay secretos y no los descubres hasta que eres mayor, o puede que nunca. Y estos secretos hacen que tú te crees una imagen diferente en tu mente a lo que realmente fue. Más o menos ocurre lo mismo con la idea de qué seremos cuándo seamos mayores cuando eres pequeño, y luego lo que realmente eres. Cómo te ves dentro de cinco o diez años. ¿Hacemos todo lo posible por cumplir nuestros sueños? ¿Nos convertimos en lo que queremos ser? Todos estos sentimientos de admiración, envidias, idolatría, serán las que desencadenen las pequeñas circunstancias que provocarán el “Drama”.

Me parece también interesante la idea de cómo las diferentes personas nos enfrentamos a las situaciones trágicas de nuestra vida. Cómo las percibimos y cómo las superamos.

«Déjate del Drama, Marcus. No existe ningún Drama sino varios dramas. El drama de tu tía, el de tus primos. El drama de la vida. Dramas ha habido siempre y los seguirá habiendo, y aun así, la vida sigue. Los dramas son inevitables. Lo que cuenta es cómo conseguimos superarlos.»

Joël Dicker, nace en Suiza en 1985. Es comparado con Stieg Larsson o, con Philip Roth. Tiene escritas varias novelas pero sólo tres han sido publicadas. Los últimos días de nuestros padres, ganadora en 2010 del Premio de los Escritores Ginebrinos; La verdad del caso Harry Quebert, 2013, galardonada con varios premios entre ellos Gran premio de Novela de la academia Francesa, y es elegida por los lectores de El país como mejor libro del año. Y por último El libro 
de los Baltimore.

Ángeles Martín.
@Angelesmmartin

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HARRY POTTER Y EL LEGADO MALDITO (AND THE CURSED CHILD) - JK ROWLING

Por qué The Cursed Child se merece un Avada Kedavra:

Hoy estoy escribiendo esta crítica en mi hora sagrada de siesta. Me gusta mucho dormir, y sin embargo, esta aberración me ha quitado el sueño. Hoy vengo a hablaros de The Cursed Child, sí, la secuela de Harry Potter que se publicó el pasado treinta y uno de julio. Antes de empezar, debo aclarar dos cosas: primero, que esta crítica no va a contener spoilers, y por tanto, ha sido mucho más difícil de escribir que cualquier otra. Sin embargo, sí voy a tener que hablar brevemente del argumento, aunque creo que a estas alturas ya ha dejado de ser un secreto. Segundo, que Harry Potter es mi infancia. Fue el primer libro que leí, con seis años, lloré porque me daba miedo Voldemort, lloré con el final muchos años después, y sigo llorando ahora cuando veo las películas o releo algún pasaje del libro. Así que, en cierto modo, encuentro normal que The Cursed Child me haya decepcionado. Ya dicen que las segundas partes no son buenas.

Como tengo mucho por decir, pero debo evitar los spoilers, voy a comentar solamente dos aspectos: personajes y argumento. Estos están estrechamente relacionados.

Como sabéis, esta secuela trata del hijo mediano de Harry, Albus. El pequeño se siente una oveja negra en la familia Potter, y tiene una pésima relación con su padre, ya que la sombra de la fama de este pesa sobre él y hace que su experiencia mágica en Hogwarts siempre sea comparada con la de su padre. Los dos otros hijos de Harry, James y Lily, no tienen protagonismo en la historia, lo que me lleva al primer punto: Albus, al sentirse solo, sigue siendo un héroe como Harry. En vez de aprovechar los hermanos y hacer un personaje diferente, ya que un hijo único no es nunca como un hermano mediano, el poco protagonismo de los otros dos hace que Albus sea un Harry Potter número dos, aunque no sea un buen mago como su padre. Albus comparte su experiencia con el hijo de Malfoy, Scorpius. Ha sido mi personaje preferido de la “nueva generación”, pero quizás porque resulta ser un Ron inteligente. Como buen Ron número dos, aporta el punto cómico a la historia y hace de contrapunto de Albus. Además, al ser listo, también es un poco Hermione y ayuda al protagonista a superar los obstáculos. También tiene importancia Rose, la hija de Ron y Hermione, aunque sólo es un personaje seco y borde, un poco como la Hermione de los primeros libros.

La segunda generación se alterna con la primera generación (¡menos mal!): Harry, Ginny, Ron, Hermione y Malfoy aparecen a menudo y se nos presenta el punto de vista de nuestros personajes preferidos que han crecido y son padres. Gracias a la primera generación he podido disfrutar un poco más de la obra, aunque me queda un regusto agridulce: aun habiendo podido identificar los personajes originales, me da la sensación de que no han madurado en absoluto. Harry se piensa que puede hacerlo todo solo, Hermione muestra sólo control y frialdad, Malfoy sigue odiando a Harry, Ron sólo hace el papel de tonto. Vale, retiro lo dicho: no es que los personajes del libro hayan madurado, sino que los personajes de las películas no han madurado. Es como si J.K. Rowling hubiese cogido a Ron, Harry, Hermione de las películas y los hubiese puesto en esta obra. Y todos sabemos que en las películas los personajes se quedan cortos. Y Ron, sobre todo, se queda muy, muy corto. Así que, ¡qué decepción leer a una primera generación aún adolescente!

Como he dicho, Albus y Scorpius se ven envueltos en una aventura, que ha sido lo más decepcionante de todo. Puedo aguantar a niños clavados a sus padres y a padres que no han cambiado en veinte años, pero lo que no puedo soportar es que J.K. Rowling, la que un día dio rienda suelta a mi imaginación, utilice un recurso tan fácil: abre de nuevo una aventura que ya creíamos cerrada y vuelve a repetir una problemática que creíamos que ya estaba solucionada (y, además, se parece mucho a una serie de la BBC que hace años que se emite). Albus y Scorpius (este último menos) ignoran que esta trama puede ser peligrosa, ¡y tienen trece años! ¡Trece! ¡Harry, Ron y Hermione con trece años se estaban enfrentando a un Remus Lupin descontrolado!, ¡el sauce boxeador golpeándolos!, ¡descubriendo la trama de los Merodeadores!, ¡y éstos niños no son capaces de pensar que se están metiendo en un lío de cuidado hasta que es demasiado tarde!

Me parece que el principal problema que voy a tener con los nuevos libros del universo de Harry Potter es que lo mejor que hizo J.K Rowling fue crear ese mundo para nosotros, revestirlo de preguntas sin responder y que eso, precisamente eso, fuese lo que a nosotros nos llevase a imaginar, a vivir otro mundo, a fantasear. Al intentar responder esas preguntas de forma oficial, el mundo que cada uno de nosotros ha construido durante tantos años se hace añicos, y solo somos niños obligados a vivir en una realidad que no nos satisface. Y eso es, precisamente, de lo que Hogwarts salvó a nuestro Harry.

Andrea Rovira.
@andreaishere


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LA PELUSA - MARTÍN AROCENA

La pelusa del plátano que envuelve a Montevideo en primavera, desencadena una reflexión profunda y terminal en el protagonista de esta novela. Cada página nos pone en una nueva tensión ya que nos interpela las inseguridades que nosotros tenemos (o pensamos que podríamos tener). Son miedos compartidos, sociales, la famosa “crisis existencial”. El personaje se siente un extraño en su propia vida, en su propia casa y en la relación con su pareja. Ve que ha llegado a los 34 años sin ser dueño del rumbo que han tomado las cosas, se siente encerrado y ahogado en una vida perfecta. 

Junto con la pelusa, la mirada de un niño que está por ser atropellado generan estos pensamientos. Asimismo, recuerda cuando él era un niño y anhela esos momentos en los cuales su madre era lo más importante de este mundo. También recuerda los sueños que tenía de joven, deseos que nos susurran al oído cada mañana que suena el despertador antes del amanecer. Son los deseos del espíritu de ser libres, poder vivir con lo justo y necesario: una mochila y una guitarra. Ser un viajero, un ciudadano del mundo y cargar con todas esas vivencias que deberían ser suficientes para alcanzar lo que se nos ha prometido como meta: la felicidad. 

En esta misión de ser felices, el paso inevitable del tiempo es nuestro peor enemigo. Nuestras ambiciones se desbordan del calendario y puede caducar en una explosión de desilusiones. La depresión del personaje se intensifica en el relato con la descripción de un estado paupérrimo de borrachera y, encerrado en el baño, espía a su propia esposa a través de la cerradura para no ser descubierto. Siente que ese es el momento de actuar, por esta razón no debe permitir que interrumpan sus pensamientos con mundanalidades encegadoras.

Reflexiona sobre el pasado para descubrir cómo ha llegado a ese presente y cómo hacer para cambiar el cauce obvio de los acontecimientos. Piensa en toda esa pelusa que evidencia el cambio de estación, algo muere y algo revive debajo de ella. Es momento de reaccionar.

Diana Novoa.
@diananovoa



la pelusa arocena
 
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